
Siempre me he considerado una persona cobarde, miedosa, tímida y aunque sea difícil de creer puedo considerarme una persona introvertida; soy una persona que tiene mucho miedo a decir todo lo que piensa, que guarda en su mente palabras que se debieron ir hace mucho tiempo.
Las palabras que quedaron en mi mente, nunca llegaron a volar, por la descripción del párrafo anterior, mis miedos; por miedo a decir una barbaridad, por miedo a ser avergonzada, por miedo a avergonzar, por miedo a que mis palabras no estén a la altura de las circunstancias, por miedo a que mis palabras no estén a la altura de los oyentes, pero sobretodo por miedo a herir y salir herida.
No sé porque nunca creí en la frase “nunca es tarde para aprender” quizás porque mi frase es “ya estoy vieja para aprender” o para cambiar, quizás porque ya estoy acostumbrada a quedarme con las ganas de decir algo y no hacerlo y eso es algo que no es de hoy, es algo que es de siempre, por que en mi siempre han ganado los miedos.
Las palabras que quedaron en mi mente, nunca llegaron a volar, por la descripción del párrafo anterior, mis miedos; por miedo a decir una barbaridad, por miedo a ser avergonzada, por miedo a avergonzar, por miedo a que mis palabras no estén a la altura de las circunstancias, por miedo a que mis palabras no estén a la altura de los oyentes, pero sobretodo por miedo a herir y salir herida.
No sé porque nunca creí en la frase “nunca es tarde para aprender” quizás porque mi frase es “ya estoy vieja para aprender” o para cambiar, quizás porque ya estoy acostumbrada a quedarme con las ganas de decir algo y no hacerlo y eso es algo que no es de hoy, es algo que es de siempre, por que en mi siempre han ganado los miedos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario